Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra El pobre Sosa miraba al dueño del hotel, que a su vez dirigía sus ojos maliciosos hacia los que me habían mandado.
Juan le rogaba:
-Digalé pues que se vaya, patrón, a este mocoso pesao. Es capaz de hacerme perder la pacencia.
El patrón fingía enojo, apostrofándome con voz fuerte:
-A ver si te mandás mudar muchacho y dejás tranquilos a los mayores.
Afuera reclamaba yo de quien me había mandado:
-Aura dame un peso.
-¿Un peso? Te ha pasao la tranca Juan Sosa.
-No... formal, alcánzame un peso que vi'hacer una prueba.