Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Tiernamente, al concluir una polca, le oprimà los dedos, pero debÃa estar de mala pata esa noche porque se me cuadró en actitud altanera diciéndome:
-¿Se ha creÃdo que soy escoba'e barrer sobras?
Adiós todos mis placeres de la noche. De pronto, la gente que me codeaba empezó a pesarme, como un caballo que lo ha apretado a uno en la rodada.
Me abrigué en la sociedad de Perico.
-Ve, ve -me decÃa éste señalando una [142] pareja de gringos que pasaba bailando a saltos-. ¡Cha que son gauchitos, si van como arrancando clavos con los talones!
Y al notar mi seriedad, volvió hacia mà sus bromas:
-No ves que el andar saltando al pedo no lleva a nada güeno. ¿Te han basuriao, hermano? ¡Pobrecito! Si te has quedado con la pontizuela caÃda.
Y Pedro aflojaba el labio inferior con expresión que trataba de acercar, lo más posible, a la de un freno con pontezuela.