Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra »Dolores, que no aguardaba otra cosa, echó mano a la cintura, sacó el cuchillo, lo despatarró de un empujón al monstruo, lo pisó en el cogote como ternero, y por fin hizo con él lo que debía hacer, pa que aquel bicho indino no anduviera más codiciando mujeres.
»El enano salió gritando pa la selva, con las verijas coloriando, y cuando Dolores jue a mirar el palacio, ya no quedaba sino una humareda y un tropel de mujercitas del grandor de un charabón de quince días que venía corriendo en su dirición.
»Dolores, que muy pronto reconoció a su morochita del Paraná, se arrancó el manojo de plumas que traiba colgao al pescuezo, las roció de agua bendita y le dibujó a su prenda una cruz en la frente.
»La paisanita empezó a crecer y, cuando llegó al altor que Dios le había dao endenantes,
[160] le echó los brazos al pescuezo a Dolores y le preguntó:
»-¿Cómo te llamas, mi novio?
»-Dolores -¿y vos?
»-Consuelo.