Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra -Entoavía no tengo dueño que me ande mandando. [261]
En un par de días, tuve tiempo para conocer los habitantes del rancho.
Con la partida de los paisanos, que habían venido a ayudar, quedaron las casas como eran siempre.
Comíamos en la cocina, los hombres: Don Candelario, dueño de casa, Fabiano, un mensual, y Numa, un muchachote tioco, de mi edad. Nos servía la mujer de don Candelario, doña Ubaldina, alcanzándonos galleta y unos platos que casi nunca usábamos pues, cortada nuestra presa del churrasco, comíamos a cuchillo, tajeando los bocados sobre la misma galleta.
Eran los únicos momentos de reunión, salvo los del mate mañanero. [262]
