Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra «Hacete duro, muchacho», me había dicho una noche don Segundo, asentándome un rebencazo por las paletas. A su vez, la vida me rebenqueaba con el mismo consejo. Pero qué mal golpe que me aflojaba la voluntad hasta los caracuces, sugiriéndome la posibilidad de volver hacia atrás, con un ruego de amor para una hembra enredadora.
Contrariando mi debilidad, miraba adelante, firme.
Crucé unos charquitos llorones, que quien sabe qué dijeron bajo los vasos del caballo.
También el barro se pega en las patas del que quiere caminar.
Pobre campo sufridor el de estos pagos y tan guacho como yo de cariño. Tenía cara de muerto.
La noche me apretaba las carnes.
Y había tantas estrellas, que se me caían en los ojos como lágrimas que debiera llorar para adentro. [277]