Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Poco a poco nos fuimos quedando solos. Al hombre que me había ganado casi toda la plata le mostré mi tropilla y, quedando conforme, se llevó los cinco animales, dejándome con dos y el Moro.
Nos despedimos de nuestros compañeros. Nosotros seguiríamos viaje, haciendo noche donde ésta nos tomara. Cambié de caballo. Me quedaban Garúa, el Vinchuca, el Moro y el Guasquita, en que iba montado.
-¿Vamos? -me dijo mi padrino, remedando a los corredores.
-¡Vamos! -le contesté.
Y salimos al galope corto, rumbo al campo, que poco a poco nos fue tragando en su indiferencia. [297]
Del día ya no quedaba más que una barra de nubes iluminadas en el horizonte, cuando, por una lomada, enfrentamos los paraísos viejos de una tapera.
