Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra El patrón se acercaba a nosotros de a caballo. Con satisfacción, vi que no sonreía ya, pasando por lo contrario una mano pensativa sobre su bigote.
Con un tono de elogio me dijo:
-¡Qué padrino tenés, muchacho!
-Y -contesté- no ayudándome el cuerpo, con algo debía contar pa un apuro.
-No es que te falte con que desempeñarte -rearguyó- pero aquel hombre -insistió, aludiendo a don Segundo- no me parece ser como cualquiera de los muchos que somos.
En silencio, concluimos nuestra tarea. El [328] último de los baguales algo se sacudió pero, después de lo pasado, me pareció un juguete.
Dejando los doce animales palenqueados con fuertes sogas, nos fuimos para la estancia.