Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Sobre la tierra, de pronto oscurecida, asomó un sol enorme y sentà que era yo un hombre gozoso de vida. Un hombre que tenÃa en sà una voluntad, los haberes necesarios del buen gaucho y hasta una chinita querendona que llorara su partida. [81]
Con la salida del sol, vino el fresco que nos trajo una alegrÃa ávida de traducirse en movimiento. Dejando el rÃo a nuestras espaldas, cruzamos la rinconada de un potrero para entrar, por una tranquera, al callejón.
En aquel camino, que corrÃa entre sus alambrados como un arroyo entre sus barrancas, el andar de la tropa se hizo tranquilo y el peligro de un desbande más remoto.
Sujetando mi petizo, me coloqué a una orilla y esperé la llegada de Goyo, para dar expansión a mi estado comunicativo.
-Si querés, volvete p'atrás -me dijo.
