Juan Moreira
Juan Moreira Cuando entró Moreira, Gondra, creyendo encontrar en el paisano un buen apoyo, creció en insolencias y no escuchó las juiciosas observaciones que le hizo aquél.
El forastero se iba poniendo cada vez más pálido del coraje que contenÃa a duras penas, pues suponÃa en Moreira un aliado de aquel baratero que lo provocaba.
Recibió sin embargo la botella de caña que le alcanzaba el pulpero sin despegar los labios, pagó y se alejó reposadamente, midiendo a Gondra de arriba abajo con una mirada donde estaba pintada toda la ira que sentÃa rebosar en su corazón.
Gondra soltó una gran carcajada al ver la actitud del forastero, y dirigiéndose a Moreira, que seguÃa tranquilamente el aspecto feo que iba tomando la escena, le dijo:
—Hágase a un lado aparcero, no sea que el de la caña lo trague.
—Si sos hombre, maula, salà afuera para tener el gusto de rajarte el alma de una puñalada. Todos ustedes —añadió encarándose con Moreira—, han de ser una punta de maulas peleadores en pandilla.
Puede salir el que guste o todos de uno a uno.
Moreira palideció a su vez, pero no se movió.
Se habÃa recostado de espaldas contra el mostrador y miraba sombrÃo a los actores de aquella escena.
