Juan Moreira
Juan Moreira Moreira se acercó a su fiel amigo, lo bajó del caballo y lo acarició amorosamente sobre sus brazos; le dio en seguida un beso en el hocico y lo puso en el suelo al lado del caballo, donde le cortó el churrasco en pequeños bocados.
En seguida se aseguró con inteligente mirada de si los animales quedaban cómodos, y regresó a la pulpería.
Estaba en la reunión un paisano que permaneció sombrío en un rincón de la pulpería, sin tomar parte en el alborozo que causara la llegada de Moreira.
Este no había visto el descontento del paisano, o había aparentado no verlo; los demás paisanos habían procedido como si aquél no existiera, o fuera simplemente un forastero.
El paisano estaba sentado sobre una pipa con los brazos cruzados y como absorbido completamente por un pensamiento fijo y profundo.
Era un tal Juan Córdoba, gaucho de algunas mentas, muy buscador de camorras y que esa mañana, hablando de Moreira, decía que si éste hacía todos aquellos hechos y tenía asustadas a las partidas, era porque todavía no se había estrellado con un hombre de coraje, y que el día que esto sucediera, sería el último de la vida de aquel hombre.
