Juan Moreira
Juan Moreira El traje estaba completado por una chaqueta de casimir azul oscuro y un sombrero de anchas alas que Juan Blanco llevaba un poco a la nuca, dejando descubierta una frente juvenil y arrogante, iluminada por la expresión de sus dos ojos negrÃsimos de extraordinaria fijeza, que miraban con una altivez irresistible.
Ningún habitante del partido conocÃa a este tal Blanco, y, sin embargo, todos le atribuÃan mil proezas de valor y guaperÃas que ninguno sabÃa de dónde habÃan salido.
En una pulperÃa se contaba la historia de que aquel Juan Blanco habÃa derrocado a muchas partidas de plaza, mientras en otras se narraban hazañas y peleas en las que don Juan Blanco figuraba como un hombre invencible, de una vista suprema y de un manejo descomunal de las armas.
Juan Blanco usaba el cabello corto y una larga y poblada pera sansimoniana que hacÃa juego con un bigote sedoso y negro como azabache.
Blanco habÃa llegado al Salto y su primera diligencia fue presentarse al Juzgado de Paz y enrolarse en la Guardia Nacional, operación que decÃa no haber hecho antes porque recién concluÃa de hacer unos negocios y venta de campos de su propiedad para venir a fijar su residencia en aquel pueblito de que tanto gustaba.