Juan Moreira
Juan Moreira Blanco era más alto que Romero y parecÃa más vigoroso; asà que cuando éste se lanzó sobre aquél, Blanco abrió los brazos arriba, presentándole libre la cintura, a la que se prendió Romero como si quisiera voltearlo al suelo para concluir con él.
Entonces Blanco se agachó sobre su espalda y le arrancó rápidamente la daga, dándole en seguida un puñetazo en la cabeza que lo hizo caer sin sentido.
—Tanto amoló esta maula —dijo, dándole con el pie—, que al fin me obligó a hacerle el gusto. No te degüello de asco.
Romero volvió en sà inmediatamente, se levantó rápido y buscó en vano en su cintura la daga, que le quitara Juan Blanco.
—¡Demen un arma, demen un arma, canejo! —gritó enfurecido, mirando a los paisanos que estaban mudos de asombro ante lo que habÃa pasado—. ¡Un cuchillo! —vociferó, lanzándose sobre el paisano que estaba más inmediato, y tratando de arrancarle la daga que éste le rehusó, no queriendo comprometerse.
—¡Tome el cuchillo, maula! —le gritó entonces Blanco, tirándole a los pies la daga que le quitara de la cintura, y enrollando la manta en el brazo izquierdo.