Juan Moreira
Juan Moreira Cuando Vicenta oye hablar del tremendo Juan Moreira, sus ojos se llenan de lágrimas y miran al suelo como si buscara allà la tumba de aquel desventurado cuya existencia feliz fue cortada por el poder de un teniente alcalde de campaña.
¡He aquà los graves defectos de que adolece nuestra célebre Justicia de Paz! De un hombre nacido para el bien y para ser útil a sus semejantes, hacen una especie de fiera que, para salvar la cabeza del sable de las partidas, tiene que echarse al camino y defenderse con la daga y el trabuco.
Es preciso convencerse una vez para todas de que el gaucho no es un paria sobre la tierra, que no tiene derechos de ninguna clase, ni aun el de poseer una mujer buena moza en contra de la voluntad de un teniente alcalde.
El gaucho es un hombre para quien la ley no quiere decir nada más que esta gran verdad práctica; el Juez de Paz de partido tiene derecho a remacharle una barra de grillos y mandarlo a un cuerpo de lÃnea.
Es tiempo ya de que cesen esos hechos salvajes y el gaucho empiece a gozar de los derechos que le otorga la Constitución y que ha conquistado con su sangre en todos los campos de batalla.