Juan Moreira
Juan Moreira Jamás se alejaba a las persecuciones de indios, sin estrechar en sus brazos al pequeño Juan Moreira, a quien llamaba mi crédito, y últimamente lo llevaba consigo a todos sus paseos, ya a las cabezadas de su lujoso apero, ya a su lado, gauchamente montado sobre un peticito que domara expresamente para él y en cuyas prendas figuraban los más bellos trenzados de tiento de potro que salÃan de sus manos primorosas para este género de trabajos.
Moreira poseÃa una tropa de carretas, que era su capital más productivo y en la que traÃa a la estación del tren inmediata grandes acopios de frutos del paÃs, que se le confiaban conociendo su honradez acrisolada.
Allá en sus pagos y años atrás, él habÃa sido también una especie de trovador romancesco.
Dotado de una hermosa voz, solÃa templar su guitarra, llena de incrustaciones de nácar, en algún baile de amigos, y echar un par de tiernas y amorosas décimas, con ese sentimiento delicado de que está dotado nuestro gaucho payador, sentimiento que se ve rebosar en su cara inteligente y que da a su canto una modulación rara y quejumbrosa y que llega hasta el fondo del alma.
Cuando un gaucho canta un triste parece que vertiera él todo un compendio de desventuras.
