Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Mi encuentro con sir Enrique Curtis
Curioso es que a mi edad —cincuenta y cinco en mi último cumpleaños— me encuentre con la pluma en la mano tratando de escribir una historia; y maravillosamente ya de lo que ésta sea cuando la haya terminado, si es que logro llegar al término de tal empresa. Muchas cosas buenas he hecho durante mi larga vida, y digo larga, porque tal vez la he comenzado demasiado joven, ganándome la existencia en las viejas colonias, desde una edad en que los otros muchachos asisten a la escuela, ora traficando, ora entregado a la caza, ya luchando, ya ocupado en los trabajos de minerÃa, y, sin embargo, sólo hace ocho meses que hice mi fortuna. ¡Y qué fortuna! aún ignoro a cuánto asciende; pero puedo asegurar no volverÃa a pasar otra vez los últimos quince o dieciséis meses de mi vida para adquirirla, aunque supiese que al final habÃa de salir a salvo, con mi pellejo y con ella. Además, mi carácter es tÃmido, me disgusta la violencia y estoy completamente cansado de aventuras. Y ¿por qué voy a escribir este libro?: esto no pertenece a mi ramo, ni yo soy un literato, por más que sea muy aficionado al Viejo Testamento y a las Leyendas de Ingoldsby. Permitidme, manifieste mis razones, precisamente para ver si tengo alguna.
1. Porque sir Enrique Curtis y el Capitán Juan Good asà me lo han suplicado.
