Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón La cacerÃa de las brujas
Al llegar a nuestra choza, Infadús, obedeciendo a mi invitación entró con nosotros.
—Ahora, Infadús —le dije— deseamos hablar contigo.
—Pueden, mis señores, comenzar.
—Nos parece, Infadús, que el Rey Twala es cruel.
—SÃ, lo es, mis señores. Toda esta tierra ¡ay! clama contra sus crueldades. Aguardad a que llegue la noche y vosotros mismos veréis. En ella se hace la gran cacerÃa de las brujas y muchos husmeados, como hechiceros, malvados o traidores morirán. Nadie tiene su vida segura. Si el Rey codicia el ganado de uno o desea su muerte o teme induzca al pueblo a rebelarse contra él, entonces Gagaula, a quien acabáis de ver, o cualquiera de las descubridoras de maleficios, enseñadas por ella, delatan a ese hombre como hechicero y se le mata acto continuo. Muchos estarán yertos o inertes antes de que la luna de esta noche comience a palidecer. Siempre ha sido asÃ. Tal vez yo mismo no veré el sol de mañana. Si hasta hoy se ha respetado mi vida, ha sido, por mi habilidad en la guerra y por ser muy querido de mis soldados; sin embargo, no sé cuánto tiempo he de vivir, la muerte me acecha a todas horas. La tierra gime ante el sanguinario Twala; está cansada de él y de sus feroces costumbres.
