Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón El ataque
Lentamente, sin la menor apariencia de apresuramiento o excitación, las tres columnas continuaron su avance. Al llegar a unas quinientas varas de nosotros, el cuerpo del centro hizo alto en el arranque de una de las laderas más fáciles y despejadas de la colina, para que las alas tuvieran tiempo de circunvalar nuestra posición, cuya figura, creo ya dijimos, era la de una herradura con su concavidad vuelta a Loo, a fin de que el triple asalto fuera simultáneo.
—¡Oh! ¡un gátling aquí —exclamó Good al contemplar las apretadas falanges del enemigo— un gátling aquí y en veinte minutos limpiaría la llanura! Pero no lo tenemos, y es tonto suspirar por él. Sin embargo, ¿por qué no arriesga usted un disparo, Quatermain? Déjenos ver cuánto se puede usted acercar a aquel prójimo de elevada talla, jefe de un regimiento, si no me equivoco. Dos contra uno a que lo yerra, y un doblón de a cuatro, a la par, pagaderos con toda honestidad, si libramos bien de este trance, a que la bala no cae en diez varas a la redonda.
