Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón La última parada de los Grises
Pocos minutos después, los regimientos destinados a envolver al enemigo por los flancos, se ponían en movimiento, cubiertos por la cresta de la colina y burlando los perspicaces ojos de los espías de Twala.
Media hora más tarde, cuando ya las alas llevaban algo adelantada su evolución, los Grises y el regimiento que les iba a servir de apoyo, denominado los Búfalos, rompían la marcha para ocupar su puesto en la línea del combate, para formar su centro y en él sostener todo el choque de la acción.
Ambos regimientos se encontraban casi intactos y descansados; los Grises habían estado de reserva durante la mañana, y sus pérdidas fueron insignificantes al cargar y rechazar a los enemigos que rompieron nuestra línea; carga en la cual tomé parte tan activa y pasiva, cuando por mis pecados me tendieron de un trastazo en la mollera. En cuanto a los Búfalos, habían formado el tercer escalón de la defensa en la izquierda, y, como allí el ataque se estrelló en el segundo, realmente no tomaron parte en la función.
