Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón La morada de la muerte
Tres días después de la escena descrita en el capítulo anterior, acampábamos ya entrada la noche, en varias chozas situadas a la base de las «Tres Brujas», nombre nativo de los tres picos, que marcaban el término del camino de Salomón. Componíase nuestra partida de nosotros tres y Foulata, que continuaba en nuestro servicio (especialmente en el de Good), Infadús, Gagaula, a quien se traía en una litera y no cesaba de murmurar y maldecir, varios criados y una escolta. Las montañas, o mejor dicho, los tres picachos de las montañas, porque la masa entera se había evidentemente formado por un aislado levantamiento del terreno, estaban dispuestos, según antes dije, como vértices de un triángulo que volviese la base hacia nosotros; esto es un pico a la derecha, otro a la izquierda y el tercero en el centro a nuestro mismo frente. Nunca podré olvidar la vista que, a la temprana luz de la siguiente mañana, presentaron a nuestros ojos. Alto, muy alto, por encima de nuestras cabezas, perdíanse sus agudas cimas vestidas de nieve, cual retorcidas agujas de plata, en la inmensidad azul del espacio. Por debajo de la nieve, el brezo de los páramos las ataviaba con mano de púrpura y subiendo por sus laderas destacábase, a manera de blanca cinta, el camino de Salomón, en derechura hacía la base del pico central en donde moría.
