Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Adiós, viejo mÃo, nada más tengo que decirle, a no ser que estoy seguro que vendrá, aunque solo sea porque se lo suplica.
Su verdadero amigo,
ENRIQUE CURTIS.
P. D.— Los colmillos del gigantesco bruto que mató al pobre Khiva acaban de ser colocados en mi salón, haciendo juego con el magnÃfico par de cuernos de búfalo que usted me regaló; el hacha con que corté la cabeza de Twala está colgada sobre mi escritorio y siento no pudiéramos traernos las cotas de malla.
Hoy es martes. El viernes sale un vapor, pienso que debo complacer a Curtis y embarcarme para Inglaterra, aunque sólo sea para ver a mi hijo y vigilar la impresión de este libro, asunto que no quiero confiar a nadie.
