Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Ahora que este libro, ya impreso, va a darle al público, la convicción de su insuficiencia, así en estilo como en asunto, gravita pesadamente sobre mí. Respecto al segundo, debo observar, que no abarca por completo, ni tal lo pretende, una sucinta relación de todo cuanto hicimos o presenciamos durante nuestra expedición a la tierra de los kukuanos; aunque hay numerosos sucesos, con ella relacionados, que nos hubiera sido agradable tratar con alguna detención y a los cuales apenas aludimos. Entre ellos, encuéntranse las curiosas leyendas, por mí recogidas, de las cotas de malla, que evitaron nuestra destrucción en la gran batalla de Loo; como también las referentes a los «silenciosos» o colosos que guardan la entrada de la cueva de las estalactitas. Aún más: si no hubiera contenido mis propios impulsos, con gusto hiciera notar las diferencias que hay entre los dialectos de los zulúes y los kukuanos, algunos de los que, en mi concepto, son muy notables; como también hubiera dedicado, y con provecho, varias páginas a la flora y a la fauna del país de estos últimos[1].
