Democracia - El dios que fracasó
Democracia - El dios que fracasó La idea de que una democracia puede autolimitarse es una contradicción. No existe una estructura dentro del sistema democrático que impida su propia expansión. Al contrario, como el poder se basa en el voto, cualquier límite institucional puede ser cambiado por mayoría. Las constituciones, en lugar de proteger libertades, se convierten en papel mojado si la voluntad popular decide lo contrario.
En una democracia, no hay un principio objetivo que impida aumentar impuestos, crear nuevos organismos, expandir la deuda, controlar medios, o restringir libertades, siempre que se haga mediante “procesos legales” avalados por votaciones. Las promesas de frenar al Estado desde adentro fracasan porque los incentivos del sistema empujan siempre hacia más intervención, no menos. La tendencia es irreversible: lo que empezó como un Estado limitado se convierte lentamente en un Leviatán regulador, fiscalizador y redistribuidor.
