Tan poca vida
Tan poca vida Asà era su vida: un ejercicio constante de negación y resiliencia. Jude, con su andar rÃgido y su constante batalla interna, escondÃa un dolor tan profundo que ninguno de sus amigos podÃa imaginar. Willem, en cambio, parecÃa el ancla, fuerte y luminoso, aunque su propia inseguridad lo carcomÃa en silencio.
El departamento, por supuesto, no era suyo. La administradora de fincas habÃa destrozado sus ilusiones en su oficina horas antes: —No ganan lo suficiente para cubrir el alquiler de seis meses, y no tienen ahorros. —Los miró como si fueran niños jugando a ser adultos—. Necesitan un aval. ¿Un jefe? ¿Sus padres? Willem se adelantó, la voz baja y firme. —Nuestros padres han muerto.
Esa frase resonó como un eco vacÃo, dejando a la administradora sin palabras por un instante antes de levantarse con aire tajante. En el Pho Viet Huong, el restaurante habitual de Chinatown, el incidente se convirtió en una broma, una máscara para el rechazo. JB y Malcolm rieron a carcajadas mientras Willem relataba la escena con dramatismo exagerado.
—¡Nos quedaremos aquÃ! —anunció JB, entre cucharadas de sopa azucarada—. Un piso lleno de ratas y con vistas al exhibicionista de enfrente. ¡Es perfecto! Jude esbozó una sonrisa, pero sus ojos no lograron encontrar la chispa. En el fondo, cada rechazo removÃa algo dentro de él, algo frágil y oscuro.
