Tess de D'Urberville

Tess de D'Urberville

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XIV

Era un brumoso amanecer de agosto. Los más densos vapores nocturnos, atacados por cálidos destellos de sol, se separaban y se recogían en vedijas sueltas por hondonadas y umbrías, en espera de quedar en nada al secarse.

El sol, por efecto de la niebla, tomaba una extraña apariencia sensible y personal, que estaba pidiendo al pronombre masculino para su denominación adecuada. El aspecto que en aquel instante mostraba, junto con la total ausencia de formas humanas en el paisaje, explicaba las heliolatrías de la antigüedad. Podía hasta concederse que nunca había existido en el mundo religión más sensata. El supremo luminar era un ser divino de dorados cabellos, resplandeciente y de dulce mirada, que contemplaba en la plena flor de su juventud una tierra que le atraía con el más vivo interés.

Un poco más tarde penetró ya su luz por las rendijas de los postigos de las casas, proyectando unas franjas como asadores al rojo encima de las alacenas, cómodas y demás enseres del menaje interior y despertando a los cosechadores que aún no estaban de pie.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker