Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Una mañana de mayo, poblada de pájaros y cargada de aromas de tomillo, a los dos o tres años de su regreso de Trantridge —años de silenciosa regeneración— volvió Tess a dejar por segunda vez la casa de sus padres.
Tras arreglar su equipaje, que habÃan de expedirle más tarde, partió Tess en un birlocho de alquiler hacia la pequeña ciudad de Stourcastle, por donde tenÃa que pasar necesariamente en el curso de su viaje y que se hallaba en dirección opuesta a la de su primera aventura. Al salvar la cresta de la primera colina volvió con tristeza la cara, con objeto de dedicar una última mirada a Marlott y a la casa de sus padres, no obstante haber deseado con tales ansias salir de ella.
Pensaba Tess que aunque ella se fuera lejos, privándolos de su sonrisa, continuarÃan los suyos haciendo la misma vida que antes; a los pocos dÃas ya volverÃan los niños a sus juegos, tan alegres como si nada hubiera pasado, sin echarla a ella de menos. Aquello de dejar a sus hermanitos pequeños era, a juicio de Tess, una ventaja, pues de haber seguido a su lado les hubiera perjudicado más con el ejemplo que edificado con sus consejos y amonestaciones.
