Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville No sintió Tess en aquel momento curiosidad bastante para preguntarle a su compañera por qué el señor Ángel no se había metido a pastor de almas como sus hermanos, y poco a poco fue quedándose dormida, mientras que las palabras de la otra moza llegaban a ella revueltas con el olor al queso almacenado en el inmediato desván y el acompasado goteo del suero de las prensas de la planta baja.