Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Aunque era muy poco lo que las jóvenes sabían acerca de ese particular, fue lo bastante para poblar de sueños dolorosos las sombras de la noche. Se pusieron las mozas a imaginarse todos los pormenores del asunto, el consentimiento del muchacho, los preparativos para la boda, la alegría de la novia, su vestido y su velo blanco y la felicidad de que en su hogar disfrutaría, allá para más adelante, cuando ya se les hubiera pasado a ellas aquel enamoramiento. Y así se estuvieron charlando, condoliéndose y llorando hasta que por fin el sueño ahuyentó su amargura.
Después de aquella revelación perdió Tess toda esperanza de que Clare abrigase alguna intención seria acerca de ella, no obstante las deferencias de que la hacía objeto. Aquello, a juicio de Tess, era una simple pasión de verano, y nada más. Y lo que sobre todo aquello ponía como una corona de espinas, era el pensar que ella, la más preferida entre todas y la más apasionada, inteligente y hermosa, fuera, de acuerdo con los prejuicios sociales, menos digna de él que aquellas otras en las cuales Ángel no reparaba.