Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —No, ¿cómo voy a creerlo?
Ya la había él soltado y a los dos minutos ya estaban ambos de nuevo ocupándose en sus tareas. Nadie había presenciado aquella fusión de los dos en uno, y cuando al poco rato pasó el ganadero por aquel oculto rincón nada hubiera podido revelarle que aquellos dos seres, tan separados el uno del otro, se hallaban unidos por otra cosa que por una simple amistad. Pero desde que Crick los viera la última vez había sucedido un episodio que cambiaba para ambos jóvenes la faz del mundo y que de haberlo sabido el ganadero le hubiera merecido un juicio despectivo, a fuer de hombre práctico, aunque se fundaba en una tendencia más irresistible que todo ese cúmulo de cosas que se ha dado en llamar prácticas. Se había descorrido un velo, abriendo para ambos jóvenes un nuevo horizonte. Para mucho o para poco tiempo.