Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Desde los precedentes acontecimientos del invierno volemos ahora a un día de octubre, distanciado en más de ocho meses de aquél en que se separaron Ángel y Tess. Esta última se encuentra ahora rodeada de circunstancias ajenas a su condición. En vez de ir acompañada de copioso equipaje de bolsas y maletas, como otras mujeres casadas, la vemos cargada únicamente de un cesto y un paquete, como en sus tiempos de soltera, y en vez de los holgados medios de que su marido la proveyera para aquella etapa de prueba, sólo puede mostrarnos un bolso casi vacío.
Después de abandonar Marlott, es decir, su casa, pasó la primavera y el verano sin desplegar grandes esfuerzos materiales, por haber invertido el tiempo en varias e irregulares faenas en una lechería inmediata a Port-Bredy, al oeste del valle de Blackmoor, distante por igual de su pueblo y de Talbothays. Prefirió aquello a vivir a expensas de su marido; vivía en casi absoluta inercia mental, estado que lejos de dificultarle facilitaba sus tareas mecánicas. Sus pensamientos volaban a la otra lechería, hacia la otra estación del año, sintiéndose la joven en presencia del rendido galán que allí la cortejara: de aquél que no bien ella lograra conquistarle se había desvanecido cual imaginaria visión.
