Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Por la tarde anunció el colono que era preciso darle remate a la troje aquella noche misma, aprovechando la claridad de la luna, pues el hombre de la máquina tenía que estar a la mañana siguiente en otra finca. De suerte que los chirridos, zumbidos y crujidos continuaron sin interrupción.
Hasta eso de las tres no levantó Tess los ojos para echar a su alrededor una rápida ojeada. No le chocó ver allí otra vez a d’Urberville, que estaba junto a la verja del seto. Advirtió él su mirada y le envió un beso con la mano. Aquello significaba que no le guardaba rencor por lo sucedido. Tess bajó otra vez los ojos y en adelante se abstuvo ya de mirar en aquella dirección.
