Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Tess, sin embargo, se sintió animada de humanos y benévolos sentimientos para con sus hermanitos, a los que solÃa atender en todo lo posible no bien volvÃa de la escuela, ayudándoles a segar el heno o a hacer la recolección en las granjas vecinas, y principalmente encargándose del ordeño y la elaboración de la manteca, que aprendiera allá por los tiempos en que su padre tenÃa vacas. Y como era ágil de dedos y mañosa, descollaba en esta labor.
Cada dÃa parecÃan caerle sobre los tiernos hombros más cargas familiares; todos en aquella ocasión habÃan considerado como la cosa más natural del mundo que fuera Tess la llamada a ser la embajadora de los Durbeyfield en la mansión de los d’Urberville. Aunque fuerza es reconocer que al hacerlo asà aquéllos no podÃan elegir representación más honrosa.