Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville La casa en que Tess naciera y se criara estaba habitada a la sazón por otra familia extraña en ella. Los nuevos inquilinos se hallaban en aquel momento en el huerto, tan entretenidos en sus quehaceres como si la casa nunca hubiera estado unida a las historias de otros, a cuyo lado las historias de éstos no eran más que «un cuento contado por un idiota[149]». Paseaban por las sendas del huerto, absortos en sus propias intenciones, sin sospechar que a sus espaldas se alzaban espectros. Y hasta los pájaros de la flamante primavera cantaban por encima de sus cabezas, cual si a nadie echaran de menos.
Preguntándoles a los nuevos moradores de la finca, que ignoraban hasta el nombre de sus antecesores, sacó Ángel en claro que había muerto John Durbeyfield, y que su viuda e hijos habían tenido que irse de Marlott, diciendo que se mudaban a Kingsbere; sólo que en vez de eso, se habían ido a vivir a otro lugar que le indicaron. Entonces Ángel, lleno de odio contra la casa por no estar allí Tess, se alejó del aborrecible espectáculo sin volver ni una sola vez siquiera la cabeza.
Su itinerario pasaba por el sitio aquel donde por vez primera la había visto en el baile. Su vista resultó a Ángel tan dolorosa como la de la casa. Atravesó luego el joven el camposanto donde, entre las tumbas recientes, vio una algo más ostentosa que las demás. Llevaba la inscripción siguiente: