Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Ángel entretanto había desandado automáticamente el camino y vuelto a su hotel, donde se sentó para desayunar, completamente extenuado. Comió y bebió inconscientemente hasta que, con súbito impulsó, pidió la cuenta, la pagó, y cogiendo el saco de mano, que era todo su equipaje, se fue.
Al salir le entregaron un telegrama de su madre, unas pocas palabras participándole la alegría y tranquilidad que le había proporcionado conocer sus actuales señas y poniéndole al tanto de que su hermano Cuthbert había pedido y obtenido la mano de Mercy Chant.
Estrujó Ángel el telegrama entre sus manos, y continuó camino de la estación, donde al llegar le dijeron que faltaba todavía una hora para la salida del primer tren. Se sentó Ángel a esperar, y a la media hora ya le devoraba la impaciencia. Tenía el corazón destrozado, y en el profundo desconcierto de su alma, su inerme voluntad no atinaba con objetivo alguno; todo su afán se reducía a querer salir de una ciudad que había sido escenario de tan amarga escena, así que se encaminó a la primera estación anterior para allí tomar el tren.
