Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Pero ¿estoy despierto o soñando? —exclamó Durbeyfield—. ¡Y yo que llevo tantos años dando tumbos por los caminos de acá para allá como si fuera el más pobretón de la parroquia!… Y diga usted, señor pastor, ¿hace mucho que puso usted en claro todo eso?
El pastor le explicó que, según sus noticias, el linaje de los Durbeyfield habÃa ido insensiblemente cayendo en olvido, sin que apenas se tuviese ya de él noticia. Él habÃa dado comienzo a sus investigaciones el año anterior, allá por la primavera, en que, con motivo de hallarse investigando la historia de la familia de los d’Urberville, hubo de tropezarse con el nombre de Durbeyfield en su carro, y picada su curiosidad, se puso a hacer averiguaciones acerca del abuelo y el padre de John, hasta no quedarle por fin duda alguna sobre este punto.
—A lo primero pensé no molestarte con estos datos tan inútiles —dijo—, sólo que a veces los impulsos son más poderosos que nuestras determinaciones. Y hube de decirme que acaso tú supieras algo sobre el particular y quisieras decÃrmelo.
