La letra escarlata
La letra escarlata Entonces, después de escudriñar minuciosamente el alma del joven clérigo, y de descubrir muchos materiales preciosos en la forma de elevadas aspiraciones por el bienestar de la raza humana, amor ferviente de las almas, sentimientos puros, piedad natural fortalecida por la meditación y el estudio, é iluminada por la revelación,—todo lo cual, si bien oro de muchos quilates, no tenía valor ninguno para el escudriñador médico,—éste, aunque desalentado, empezaba sus investigaciones en otra dirección. Se deslizaba á hurtadillas, con pisadas tan cautelosas y aspecto tan precavido como un ladrón que penetra en una alcoba donde hay un hombre medio dormido, ó quizá completamente despierto, con el objeto de hurtar el tesoro mismo que este hombre guarda como la niña de sus ojos. Á pesar de todas sus precauciones y cuidado, el pavimento crujía de vez en cuando; sus vestidos formaban ligero ruido; la sombra de su figura, en una proximidad no permitida, casi envolvía á su víctima. El Sr. Dimmesdale, cuya sensibilidad nerviosa era frecuentemente para él una especie de intuición espiritual, tenía á veces una vaga idea de que algo, enemigo de su paz, se había puesto en medio de su camino. Pero el viejo médico poseía también percepciones que eran casi intuitivas; y cuando el ministro le dirigía entonces una mirada de asombro, el médico se sentaba tranquilamente sin decir palabra como su amigo benévolo, vigilante y afectuoso, aunque no importuno.