La letra escarlata
La letra escarlata —Madre,—dijo Perla,—la luz del sol no te quiere. Corre y se oculta, porque tiene miedo de algo que hay en tu pecho. Mira ahora: allà está jugando, á una buena distancia de nosotros. Quédate aquÃ, y déjame correr á mà para cogerla. Yo solamente soy una niña. No huirá de mà porque aun no llevo nada sobre mi pecho.
—Y espero que nunca lo lleves, hija mÃa,—dijo Ester.
—Y ¿por qué no, madre?—preguntó Perla deteniéndose precisamente cuando iba á emprender la carrera. ¿No vendrá eso por sà mismo cuando yo sea una mujer grande?
—Corre, hija mÃa,—respondió la madre,—y atrapa el rayo del sol, pues pronto se irá.
Perla emprendió la carrera á toda prisa y pronto se halló en medio de la luz del sol, riendo, toda iluminada por su esplendor, y con los ojos brillantes de alegrÃa. ParecÃa como si el rayo solar se hubiera detenido en torno de la solitaria niña regocijándose en jugar con ella, hasta que la madre llegó bastante cerca para penetrar casi también en el cÃrculo mágico.
—Ahora se irá,—dijo Perla moviendo la cabeza.
—Mira,—dijo Ester sonriendo,—ahora yo puedo alargar la mano y atrapar algo.