Fenomenología del Espíritu

Fenomenología del Espíritu

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El idealismo que no expone ese camino, sino que comienza con esta afirmación, es también, por tanto, una pura aseveración que no se comprende conceptualmente a sí misma, ni puede hacerse comprensible a otros. Enuncia una certeza inmediata frente a la cual están otras certezas inmediatas, sólo que éstas se han perdido por ese camino. Por eso, con el mismo derecho, al lado de la aseveración de aquella certeza se colocan también las aseveraciones de estas otras certezas. La razón invoca la autoconciencia de cada conciencia: yo soy yo; mi objeto y esencia es yo; y nadie podrá negarle esta verdad. Pero al basarla en esta invocación, sanciona la verdad de las otras certezas, a saber, la de: es OTRO para mí; otro que yo, distinto de mí, me es objeto y esencia, o bien, al serme yo objeto y esencia, lo soy sólo en cuanto que yo me retiro del otro como tal, y me vengo a poner al lado de él como una realidad efectiva.—Sólo cuando la razón, en cuanto reflexión, sale a escena fuera de esta contraposición de certezas, hace entrada su afirmación de sí no sólo como certeza y aseveración, sino como verdad; y no una verdad al lado de las otras, sino en cuanto sola y única. La entrada inmediata en escena es la abstracción de su estar presente, dada, cuya esencia y ser-en-sí es concepto absoluto, esto es, el movimiento de su haber llegado a ser.—La conciencia determinará su relación con el ser-otro o con su objeto de maneras diversas, según el nivel preciso en que se encuentre del espíritu del mundo que se va haciendo consciente de sí. Cómo se encuentre y determine a sí y su objeto inmediatamente cada vez, o cómo sea para sí, depende de lo que el objeto haya ya llegado a ser, o de lo que ya sea en sí.


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