Fenomenología del Espíritu

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La primera vez que lo enuncia es sólo esta palabra abstracta y vacía de que todo es suyo. Pues la certeza de ser toda realidad no es, de primeras, más que la categoría pura. Esta primera razón que se reconoce en el objeto es lo que expresa el idealismo vacío, el cual tan sólo capta a la razón tal como ella se es al comienzo y, mostrando en todo ser este puro mío de la conciencia, y enunciando que las cosas son sensaciones o representaciones, se figura erróneamente que las ha mostrado como realidad completa y acabada. Por eso, tiene que ser, a la vez, empirismo absoluto, pues para colmar ese Mío vacío, esto es, para la diferencia y para todo desarrollo y configuración de ésta, su razón precisa de un choque de parte extraña, en el cual, y sola y primeramente en el cual, reside la multiplicidad de la sensación o del representar. Con lo que este idealismo acaba por tener un doble sentido tan contradictorio como el del escepticismo, sólo que éste se expresa negativa, y aquél positivamente, pero no junta sus contradictorios pensamientos de la conciencia pura como la realidad toda, ni menos aún los del choque de lo extraño o de la sensación y el representar sensorial como una realidad igual, sino que anda arrojándose de lo uno a lo otro y acaba cayendo en la infinitud mala, esto es, en la sensible. En tanto que la razón es toda realidad en el significado del mío abstracto, y que lo otro, a los ojos de éste Mío, es algo extraño e indiferente, justo ese saber de la razón estará puesto por otro que advenía como mi íntimo querer decir, percibir, y entendimento que capta lo querido íntimamente decir y lo percibido. De un saber semejante, a la vez, el concepto de este idealismo afirma él mismo que no es un saber verdadero, pues sólo la unidad de la apercepción es la verdad del saber. La razón pura de este idealismo, entonces, se ve reenviada de vuelta por sí misma, para ir a parar a este otro que le es esencial, es decir, lo en-sí, que ella, empero, no tiene dentro de ella misma, se ve reenviada a aquel saber que no es un saber de lo verdadero; de este modo, se condena, a sabiendas y queriéndolo, a un saber noverdadero, y no puede dejar de practicar una opinión que dice lo que ella quiere íntimamente decir, y una percepción que, para ella misma, carecen de toda verdad. Se halla en la contradicción inmediata de afirmar de algo doble y constituido de opuestos por antonomasia que es la esencia, la unidad de la apercepción y, en la misma medida, la cosa que, aunque se la llame choque de parte extraña, o esencia empírica, o sensibilidad, o la cosa en sí, en su concepto sigue siendo la misma cosa extraña a aquella unidad.


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