Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu El contenido concreto de la certeza sensorial hace que ésta aparezca inmediatamente como el conocimiento más rico, más aún, como un conocimiento de riqueza infinita, para la que no puede encontrarse ningún límite, ni cuando salimos al espacio y al tiempo, en tanto que es en ellos donde esa riqueza se expande, ni cuando, tomando para nosotros un pedazo de esta plenitud, penetramos en su interior dividiéndolo. Dicho conocimiento aparece, además, como el conocimiento más de verdad; pues aún no ha eliminado nada del objeto, sino que lo tiene delante de sí, en toda su integridad. Pero, de hecho, esta certeza se revela a sí misma como la verdad más abstracta y más pobre. Lo único que dice de lo que sabe es esto: es; y su verdad no contiene nada más que el ser de la cosa; la conciencia, por su parte, sólo está en esta certeza como puro yo; o bien, yo estoy ahí como puro éste, y el objeto, igualmente, sólo está como puro esto. Yo, éste, no estoy cierto de esta cosa porque yo me desarrolle con ello en cuanto conciencia y mueva de múltiples maneras el pensamiento. Tampoco porque la cosa de la que estoy cierto fuera, conforme a una gran cantidad de disposiciones y hechuras diversas, un rico conjunto de referencias en ella misma, o un conjunto plural de relaciones con otras cosas. Ninguna de estas dos razones atañe en nada a la verdad de la certeza sensorial; ni el yo ni la cosa tienen en ellos el significado de una mediación múltiple y diversa; «yo» no tiene el significado de un representar o un pensar múltiple y diverso, ni la cosa tiene el significado de múltiples y diversas disposiciones; sino que la cosa es; y es sólo porque es; ella es, esto es lo esencial a ojos del saber sensorial, y este ser puro o esta simple inmediatez es lo que constituye su verdad. Asimismo, la certeza, en cuanto referencia, es referencia pura inmediata; la conciencia es yo, y nada más, un puro éste; el individuo singular sabe un esto puro, o bien, sabe lo singular.