Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu El mundo ético vivo es el espíritu en su verdad; según éste llega primero al saber abstracto de su esencia, la eticidad sucumbe en la universalidad formal del Derecho. El espíritu, a partir de entonces escindido dentro de sí mismo, describe, dentro de la dura realidad efectiva de su elemento objetual, uno de sus mundos, el reino de la cultura, y frente a él, dentro del elemento del pensamiento, el mundo de la fe, el reino de la esencia. Pero ambos mundos, captados por el espíritu que va de esta pérdida de sí mismo hacia dentro de sí, captados por el concepto, son trastornados y revolucionados por la intelección y su difusión, esto es, por la Ilustración, y el reino dividido y extendido entre el más acá y el más allá retorna a la autoconciencia, la cual, ahora, dentro de la moralidad, se capta como la esencialidad, y capta la esencia como sí-mismo efectivamente real, no saca ya su mundo y el fundamento de éste para ponerlos fuera de sí, sino que deja que todo se apague lentamente por dentro de sí y, como certeza moral[115], es el espíritu cierto de sí mismo.
El mundo ético, el mundo desgarrado en el más acá y más allá, y la visión moral del mundo son, entonces, los espíritus cuyo movimiento y regreso al sí-mismo simple que-es-para-sí del espíritu se van a desarrollar, y como cuya meta y resultado se destacará la autoconciencia efectivamente real del espíritu absoluto.