Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu Sin embargo, quienes plantean semejante afirmación dicen también, según hemos hecho notar antes, inmediatamente, lo contrario de lo que quieren íntimamente decir; fenómeno este que, quizá, puede hacer meditar mejor que cualquier otro sobre la naturaleza de la certeza sensorial. Ellos hablan de la existencia de objetos externos, los cuales pueden determinarse, más precisamente, como cosas efectivamente reales, absolutamente singulares, enteramente personales, individuales, ninguna de las cuales tiene nada ya que sea absolutamente igual a ella; esta existencia, dicen, tiene absoluta certeza y verdad. Ellos quieren decir íntimamente, este pedazo de papel sobre el que escribo esto, o mejor, sobre el que he escrito; pero lo que quieren íntimamente decir no lo dicen. Si realmente quisieran decir este pedazo de papel que quieren íntimamente decir —y ellos querían decir—, sería imposible, porque el esto sensible que se quiere íntimamente decir es inalcanzable para el lenguaje, el cual pertenece a la conciencia, a lo universal en sí. Por eso, acabaría pudriéndose entre los intentos efectivos por decirlo; los que hubieran empezado su descripción, no podrían terminarla, sino que tendrían que dejársela a otros que terminarían por reconocer que hablan de una cosa que no es. Por supuesto que quieren decir íntimamente, entonces, este pedazo de papel, que es aquí completamente distinto del de arriba; pero lo que hablan son cosas efectivamente reales, objetos externos o sensibles, esencias absolutamente singulares, etc., es decir, dicen de ellas solamente lo universal; por eso, lo que se llama lo inefable no es más que lo noverdadero, lo irracional, lo meramente opinado: lo que se ha querido íntimamente decir.—Si lo único que se dice de algo es que es una cosa efectivamente real, un objeto externo, sólo lo es como lo más universal, y con ello se enuncia su igualdad con todo, más que su cualidad de ser diferente. Si yo digo una cosa singular, la digo asimismo, más bien, como enteramente universal, pues todas las cosas son una cosa singular; e igualmente, esta cosa es todo lo que se quiera. Si lo designamos más precisamente como este pedazo de papel, entonces, todos y cada uno de los papeles son un este pedazo de papel, y no digo nunca más que lo universal. Pero si yo intento ayudar al acto de hablar —el cual posee la divina naturaleza de invertir inmediatamente la opinión, el íntimo querer decir, convertirlo en otra cosa, y así no dejarle nunca tomar la palabra— señalando este pedazo de papel, hago entonces la experiencia de lo que de hecho es la verdad de la certeza sensorial; lo señalo como un aquí que es un aquí de otros aquí, o bien, que es en él mismo un conjunto simple de muchos aquís, es decir, que es un universal, lo tomo, lo registro tal como es en verdad, y en lugar de saber algo inmediato, lo tomo por verdadero, lo percibo[60].