FenomenologĂa del EspĂritu
FenomenologĂa del EspĂritu Para la conciencia, lo interior todavĂa sigue siendo un puro más allá, pues todavĂa no se encuentra a sĂ misma dentro de Ă©l; está vacĂo, pues no es más que la nada del fenĂłmeno y, positivamente, es lo universal simple. Este modo de ser de lo interior concuerda inmediatamente con aquellos que dicen que lo interior de las cosas no se puede conocer; y que el fundamento tiene que ser captado de otro modo. De esto interior, tal como es inmediatamente aquĂ, no hay, ciertamente, conocimiento ni noticia disponible, pero no porque la razĂłn sea demasiado corta de vista, o demasiado limitada, o como se lo quiera llamar —acerca de todo eso no se sabe nada todavĂa, pues tan hondo aĂşn no hemos penetrado—; sino por la naturaleza misma de la cosa, pues que en lo vacĂo no se conoce nada, o bien, dicho desde el otro lado, porque está determinado justamente como el más allá de la conciencia.—El resultado, desde luego, es el mismo cuando se pone a un ciego en la riqueza del mundo suprasensible —si es que Ă©ste tiene tal riqueza, ya sea Ă©sta el contenido peculiar de tal mundo, o sea la conciencia misma ese contenido—, o cuando se pone a alguien que ve en la más pura tiniebla o, si se prefiere, en la más pura luz, si la tiniebla no es más que esto: el que ve verá en su pura luz tan poco como en su pura tiniebla, y verá exactamente tanto como el ciego en la plenitud de la riqueza que tenga delante. Si en lo interior y en el estar enlazado con ello por un silogismo a travĂ©s del fenĂłmeno no hubiera nada más, no quedarĂa más que atenerse al fenĂłmeno, es decir, percibir, tomar por verdadero algo de lo que sabemos que no es verdadero; o bien, para que en lo vacĂo —que, ciertamente, sĂłlo ha llegado a ser en cuanto vaciedad de las cosas objetuales, pero que, en cuanto vaciedad en sĂ debe ser tomado tambiĂ©n por la vaciedad de todas las relaciones espirituales y de las diferencias de la conciencia en cuanto conciencia—, para que, pues, en esto totalmente vacĂo, que tambiĂ©n se llama lo sagrado, haya algo, no quedarĂa más que rellenarlo con ensoñaciones, apariciones que la conciencia se engendra para sĂ misma; y esto vacĂo tendrĂa que dejarse tratar asĂ de mal, pues no serĂa digno de nada mejor, toda vez que las ensoñaciones mismas son mejores que su vaciedad.