FenomenologÃa del EspÃritu
FenomenologÃa del EspÃritu El entendimiento, que es nuestro objeto, se encuentra precisamente en ese punto de que, a sus ojos, lo interior, de momento, sólo ha llegado a ser como lo en-sà universal todavÃa no cumplido, no colmado; el juego de fuerzas tiene precisamente sólo este significado negativo de no ser en sÃ, y sólo este significado positivo de ser lo que media, pero estar fuera del entendimiento. Mas su referencia a lo interior a través de la mediación es movimiento suyo, por el cual lo interior se le colmará.—Inmediato es para él el juego de las fuerzas; pero lo verdadero, a sus ojos, es lo interior simple; por eso, el movimiento de la fuerza, igualmente, sólo como simple sin más es lo verdadero. Pero de este juego de fuerzas hemos visto que tiene tal hechura que la fuerza que es solicitada por otra fuerza también es lo que solicita a esta otra, que sólo por eso llega a ser solicitante. En la misma medida, lo único presente aquà es el cambio inmediato o el trueque absoluto de la determinidad, la cual constituye el único contenido de lo que entra en escena; siendo, o bien medio universal, o bien unidad negativa. Con su misma entrada determinada en escena, deja inmediatamente de ser aquello como lo que entra en escena; por su entrada determinada en escena solicita al otro lado, el cual, por ello, se manifiesta exteriormente; es decir, este lado es ahora, inmediatamente, lo que el primero supuestamente era. Estos dos lados, la relación de solicitar y la relación del contenido determinado contrapuesto, son, cada uno para sÃ, la inversión y la confusión absolutas. Pero estas dos relaciones son ellas mismas, a su vez, una y la misma cosa, y la diferencia de la forma, ser lo solicitante y lo solicitado, es lo mismo que lo que es la diferencia del contenido, lo solicitado como tal, a saber, el medio pasivo; lo solicitante, en cambio, es lo activo, la unidad negativa o lo Uno. Con todo esto se desvanece cualquier diferencia de fuerzas particulares que supuestamente hubiera en este movimiento, unas contra otras; pues sólo se basaban en aquellas diferencias; y la diferencia de las fuerzas coincide en la misma medida con aquellas dos en una sola y única diferencia. No es, pues, ni la fuerza, ni el solicitar ni el ser solicitado, ni la determinidad de ser medio subsistente y unidad reflejada dentro de sÃ, ni es tampoco algo singular para sÃ, ni son oposiciones diversas; sino que lo que hay en este intercambio absoluto es, solamente, la diferencia en cuanto universal o diferencia tal que en ella se han reducido la pluralidad de oposiciones. Por eso, esta diferencia en cuanto universal es lo simple en el juego mismo de las fuerzas, y lo verdadero del mismo; es la ley de la fuerza.