Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu Vemos que, en el interior del fenómeno, el entendimiento no hace en verdad otra experiencia que la del fenómeno mismo, mas no tal como éste es en cuanto juego de las fuerzas, sino este mismo juego en sus momentos absolutamente universales y el movimiento de éstos; de hecho, el entendimiento sólo hace la experiencia de sí mismo. Elevada por encima de la percepción, la conciencia se presenta enlazada en un silogismo con lo suprasensible por el término medio del fenómeno, a través del cual mira en ese trasfondo. Ahora, los dos extremos, uno, el de lo interior puro, y otro, el de lo interior que mira dentro de esto interior puro, se han derrumbado, e igual que ellos en cuanto extremos, también ha desaparecido el término medio como algo distinto de ellos. Se ha levantado, pues, este telón que había delante de lo interior, y lo que tenemos es el mirar de lo interior hacia dentro de lo interior puro; el mirar de lo homónimo indiferenciado que se repele a sí mismo, puesto como interior indiferenciado, para el cual, sin embargo, es igualmente inmediata la no-diferencialidad de ambos, la autoconciencia. Se muestra que detrás de eso llamado telón, que debía tapar lo interior, no hay nada que ver, si no es que nosotros mismos pasamos ahí detrás, tanto para que haya visión como para que ahí detrás haya algo que pueda ser visto. Al mismo tiempo, sin embargo, resulta que no se puede pasar ahí detrás directamente y sin mayores ceremonias ni atender a las circunstancias; pues este saber que es la verdad de la representación del fenómeno y de su interior es, él mismo, sólo el resultado de un circunstanciado movimiento por el que desaparecen los modos de conciencia, el querer íntimamente decir, el percibir y el entendimiento; y también resultará, igualmente, que conocer lo que la conciencia sabe al saberse a sí misma requiere todavía de otras circunstancias, cuyo análisis viene a continuación.