El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida A finales del año 2015 yo tenía sobrepeso, fumaba como un sapo y estaba a punto de cumplir cuarenta y cinco años. Es decir: tenía la edad exacta en la que se infartan los fumadores gordos y se mueren de camino al hospital. Tampoco hacía ejercicio físico; solamente caminaba tres o cuatro pasos cuando me ponían la comida rica un poco más lejos de lo habitual. Era obvio que iba a tener un infarto muy bestia, y que me iba a morir bastante joven, pero por alguna razón me salvé. Hoy es enero de 2016 y sigo vivo; acá estoy. Nadie entiende por qué.
Hasta hace unos días mi vida era inconsciente y maravillosa. Ahora tengo que tomar siete pastillas cuando me despierto, tengo que ver doctores y hablar con ellos (nunca había visto a ninguno de cerca), tengo que caminar cuarenta minutos al día, y sobre todo: tengo que escribir sin fumar. Eso es lo más triste que le puede pasar a un escritor que fuma.