El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida «¿Cuándo empezaste a adelgazar, cuándo dejaste de usar anteojos, cuándo se te corrigieron los dientes?», escribió muy rápido, con un montón de faltas de ortografía.
«Más o menos a los doce dejé de comer porquerías, porque me empezaron a gustar los chicos y ninguno quería bailar conmigo. A los trece pegué un buen estirón. Dejé de usar anteojos a los catorce, cuando me pusieron lentes de contacto, y los dientes no fueron mérito mío, sino del odontólogo.»
La nena dijo:
«¿Y cuándo me van a salir las tetas?».
La arquitecta se rio muy fuerte y escribió:
«En dos o tres años, no te preocupes por eso».
La nena le devolvió un emoticón feliz, y la arquitecta se rio fuerte.
«Hay algo que no puedo entender», dijo la pequeña Candela. «Estuve viendo un montón de fotos tuyas en tu casa… Ya sé que vivís sola, que comés cosas raras y le sacás fotos al plato, que vas a fiestas, que sos arquitecta y que viajás por muchos lugares… Pero nunca vi una foto tuya con tu perro de ahora. ¿Por qué no tenés fotos con tu perro? ¿Es feo?».
Candela, la arquitecta, respondió:
«Es que no tengo perro».
La nena dijo: