Los Nueve Libros de la Historia
Los Nueve Libros de la Historia III. Tal era el consejo que a Mardonio sugerían los tebanos: el daño estuvo en que no le dio entrada, por habérsele metido muy dentro del corazón el deseo de tomar otra vez a Atenas, parte por mero capricho y antojo, parte por jactancia, queriendo hacer alarde con su soberano, quien se hallaba a la sazón en Sardes, de que era ya dueño otra vez de Atenas, y pensando darle el aviso por medio de los fuegos que de isla en isla pasaran como correos. Llegado en efecto a Atenas, tomó a su salvo la plaza, donde no encontró ya a los atenienses, de los cuales parte supo haber pasado a Salamina, parte hallarse en sus galeras. Sucedió esta segunda toma de Mardonio diez meses después de la de Jerjes.
IV. Al verse Mardonio en Atenas, llama a un tal Muriquides, natural de las riberas del Helesponto y le despacha a Salamina; encargado de la misma embajada que a los de Atenas había pasado Alejandro el macedonio. Determinose Mardonio a repetirles lo mismo no porque no diera por supuesto que le era contrario y enemigo el ánimo de los atenienses, sino porque se lisonjeaba de que, viendo ellos conquistada entonces el Ática a viva fuerza, y puesta su patria en manos del enemigo, cediendo de su tenacidad primera, volverían quizá en su acuerdo. Con tal mira, pues, envió a Muriquides a Salamina.