Los Nueve Libros de la Historia
Los Nueve Libros de la Historia XIII. Otra noticia me referÃan los sacerdotes, que es para mà gran conjetura en favor de lo que voy diciendo. Contaban que en el reinado de Meris, con tal que creciese el rÃo a la altura de ocho codos, bastaba ya para regar y cubrir aquella porción de Egipto que está más abajo de Menfis; siendo notable que entonces no habÃan transcurrido todavÃa novecientos años desde la muerte de Meris. Pero al presente ya no se inunda aquella comarca cuando no sube el rÃo a la altura de dieciséis codos, o de quince por lo menos. Ahora bien; si va subiendo el terreno a proporción de lo pasado y creciendo más y más de cada dÃa, los egipcios que viven más abajo de la laguna Meris, y los que moran en su llamado Delta, si el Nilo no inundase sus campos, en lo futuro, están a pique de experimentar en su paÃs para siempre los efectos a que ellos decÃan, por burla, que los griegos estarÃan expuestos alguna vez. Sucedió, pues, que oyendo mis buenos egipcios en cierta ocasión que el paÃs de los griegos se baña con agua del cielo, y que por ningún rÃo como el suyo es inundado, respondieron el disparate, «que si tal vez les salÃa mal la cuenta, mucho apetito tendrÃan los griegos y poco que comer». Y con esta burla significaban, que si Dios no concedÃa lluvias a estos pueblos en algún año de sequedad que les enviara, perecerÃan de hambre sin remedio, no pudiendo obtener agua para el riego sino de la lluvia que el cielo les dispensara.