Los Nueve Libros de la Historia
Los Nueve Libros de la Historia CLVI. El segundo lugar merece se le dé por su singularidad la isla llamada de Chemmis, situada en una profunda y espaciosa laguna que está cerca de un templo de la mencionada ciudad de Butona. Los egipcios pretendían que era una isla flotante; mas puedo afirmar que no la vi nadar ni moverse, y quedé atónito al oír que una isla pueda nadar en realidad. Hay en ella un templo magnífico de Apolo, en que se ven tres aras levantadas, y está poblada de muchas palmas y de otros árboles, unos estériles, otros de la clase de los frutales. No dejan los naturales de dar la razón en que se apoyan para creer en esta isla flotante: dicen que Latona, una de las ocho deidades primeras que hubo en Egipto, tenía su morada en Butona, donde al presente reside su oráculo, y en aquella isla no flotante todavía recibió a Apolo, que en depósito se lo entregó la diosa Isis, y allí pudo salvarle escondido, cuando vino a aquel lugar Tifón, que no dejaba guarida sin registrar, para apoderarse de aquel hijo de Osiris. Apolo y Artemis, según los egipcios, fueron hijos de Dioniso y de Isis; y Latona fue el ama que los crió y puso en salvo. En egipcio Apolo se llama Oros. Demeter se dice Isis, y Artemis lleva el nombre de Bubastis; y en esta creencia egipcia y no en otra alguna se fundó Esquilo, hijo de Euforion, para hacer en sus versos a Artemis hija de Demeter, aunque en esto se diferencia de los demás poetas que han existido. Tal es la razón por que los egipcios creen a su isla movediza.