Los Nueve Libros de la Historia
Los Nueve Libros de la Historia XXV. Así le habló Darío, y dejando en Sardes por virrey a Artafernes, su hermano de parte de padre, dirigióse luego a Susa, llevando en su corte a Histieo. Al partir nombró asimismo por general de las tropas que dejaba en los fuertes de las costas a Otanes, hijo de Sisamnes, uno de los jueces regios a quien, por haberse dejado sobornar en una sentencia inicua, había mandado degollar Cambises, y no satisfecho con tal castigo, cortando por su orden en varias correas el cuero adobado de Sisamnes, había hecho vestir con ellas el mismo trono en que fue dada aquella sentencia: además, en lugar del ajusticiado, degollado y rasgado Sisamnes, había Cambises nombrado por juez a Otanes, su hijo, haciéndole subir sobre aquellas correas a tan fatal asiento, con el triste recuerdo quo al mismo tiempo le hizo, de que siempre tuviera presente el tribunal en que estaba sentado cuando diera sus sentencias.
XXVI. Este mismo Otanes, que antes había sido colocado en aquella funesta silla de juez regio, elegido entonces por sucesor de Megabazo en el mando de general, rindió al frente de sus tropas a los Bizantinos y calcedonios, tomó la plaza de Antandro, situada en el territorio de Tróada, y conquistó a Lamponio. Con la armada naval le dieron los lesbios, apoderóse de Lemnos y de Imbro, islas hasta entonces ocupadas de los pelasgos.